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Hace once años, a esta hora, estaba con mi familia en el centro de la ciudad de Neuquen. Hacía mucho frío, estaba nublado, y de vez en cuando, una llovizna áspera nos pegaba en la cara.
Desde la esquina de Argentina yAlberdi, no se podía distinguir, hasta donde había gente. La multitud parecía bajar desde la Plaza de las banderas, y del otro lado de la vía, se concentraban en la Sarmiento, cubriendo lo que hoy es el Parque central.
Por la Av. San Martín, había delegaciones de centros autóctonos. Y hasta pude ver, dos gauchitos con banderas chilenas, montados en dos petisos mansos, que revoleaban la cola, como espantando mosquitos.
Había obreros, vecinos de los barrios más remotos, bicicletas y motos. Los autos estaban ocupando los espacios posibles, y de los otros tambien.
La policía, parecía ser una especie de marco de un cuadro.
Reconocidos periodistas televisivos, caminaban entre la muchedumbre, buscando un ángulo propicio para salir al aire.
Radios, fotógrafos, madres y abuelas con pañuelos blancos, allá adelante recortándose nítidamente.
Y la catedral. Llena de luces, aunque fue la primera vez, que en esta tierra sentí que una luz se había ido en serio.
Desde un palco gigante, un párroco rezaba por los altavoces que cubrían gran parte de la Plaza neuquina.
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El gobierno de Alfonsín tambaleaba. Los resortes conocidos del poder oculto, se habían unido para que la sensación dejara de serlo, y pasara a ser un caos absoluto.
Era la época del saqueo, del fuego que parecía salir por las pantallas de la tv.
La policía, en el Gran Bs.As. entraba a los barrios linderos a las Villas miserias, y hacían correr rumores funestos: -esta noche...no pasa de esta noche...se van a venir con todo-
Y en las Villas, con gente infiltrada, corría como un reguero de pólvora, que los pitucones del barrio vecino se habían organizado con gente contratada y que los iban a arrasar...
Esta extraña dicotomía argentina del enfrentamiento entre pobres...digitado con precisión de titiritero.
En Neuquen, en pleno saqueo porteño, a la madrugada de un día clave, el Monseñor De Nevares llegó hasta el Coronel de turno y después de una charla breve, consiguió el apoyo incondicional del milico.
Después, tomó un teléfono y llamó al presidente de ACIPAN.
A las 7 de la mañana, las panaderías más importantes de la ciudad, recibieron la inusual visita de camiones del ejército.
Por ese momento, en los Supermercados más reconocidos de la ciudad, las puertas de los depósitos se abrieron de par en par, y los unimog se arrimaron a cargar.
De Nevares sabía que esa misma mañana, la gente de los barrios marginales de la ciudad, iban a avanzar hacia el centro, tomando alimentos de todos esos lugares, sin importar el medio, ni mucho menos, las formas.
En un operativo perfectamente coordinado entre Acipan, la iglesia y el ejército, se repartieron toneladas de alimentos en los barrios.
Ese día, la crisis nacional entró en un impasse, y al otro día, organizado por De Nevares, TODAS las fuerzas vivas dela ciudad de Neuquen, compartieron un almuerzo popular en el Barrio hoy conocido como San Lorenzo. Comieron en la calle, con enormes tablones repletos de alegría y color. Miles de personas compartieron la misa que ofició antes del almuerzo, a cuerpo gentil y con un rústico equipo que permitió que su clara voz llegara hasta más allá de sus posibilidades. Nadie más pudo hablar. Nadie más pudo dirigirse a la gente después de sus palabras. No les quedaba argumento, no había espacio.
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Hoy se cumplen once años de esa tarde cuando descubrí que la tristeza tiene forma, que se puede palpar, y puede angustiar con solo ser parte de esa multitud que sollozaba, y al principio, no podíamos entender .
Me quedo con la imagen de una viejita de una delegación gaucha de cutral-có que aferraba una foto del obispo, y con la mirada perdida, le acariaba la cabeza a su nietita...o con la delegación de los obreros de Zanon, con un brazalete negro, cuando todavía estaba el commendattore y no se vaciaba alegremente, una de las empresas más importantes dela patagonia.
Me quedo con esa sensación de haber perdido alguien que estaba al lado de los que menos pueden. Y que en vez de predicarles resignación, les enseñaba a defenderse del sistema...
carlos valdez, neuquen, argentina
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